Hoy en día el uso de la tecnología acompaña casi todos los hogares y su manejo se vuelve más complejo conforme los niños crecen. Un estudio de Tigo con la Universidad de los Andes, que incluyó a más de 7.300 niños, padres y profesores, mostró que el 35% de los menores pasa tiempo en internet jugando videojuegos, mientras que el 72% de los padres siente que sabe menos sobre internet que sus hijos. Además, 6 de cada 10 niños y adolescentes han conversado con desconocidos en redes sociales o juegos online.
Aunque estos datos muestran riesgos, no todos los videojuegos son perjudiciales. Algunos, especialmente los educativos o los de estrategia, ayudan a desarrollar pensamiento lógico, coordinación y habilidades para resolver problemas. Incluso muchos juegos de ocio pueden tener beneficios cuando se usan con moderación y bajo el acompañamiento de un adulto, ya que promueven la creatividad, el trabajo en equipo y la toma de decisiones. El verdadero desafío está en diferenciar cuáles aportan valor y cuáles pueden generar riesgos físicos, emocionales o de seguridad si no hay una supervisión adecuada.
En términos de salud, la exposición prolongada puede afectar el sueño, generar fatiga visual o promover sedentarismo, así como provocar dependencia y afectar las relaciones sociales si no hay supervisión. Respecto a seguridad, es clave revisar la clasificación por edad, el contenido, la interacción con desconocidos, los chats, las compras dentro del juego y los permisos que solicita la plataforma o el dispositivo. Aunque es más fácil controlar estos aspectos en consolas, también se deben supervisar los juegos en internet, ya que no hay plataformas 100% libres de riesgos.
Para acompañar adecuadamente a los hijos, se recomienda establecer reglas claras sobre cuánto y cuándo jugar, revisar los juegos antes de permitirlos y alternarlos con actividades sin pantallas, como deportes, lectura, juegos al aire libre y manualidades. Es importante ver los videojuegos como una oportunidad de vínculo familiar: jugar con ellos, interesarse por sus gustos y modelar comportamientos.
El uso de videojuegos debe ser responsable e informado. Si se observan cambios negativos en el comportamiento de los niños, es recomendable suspender temporalmente esta actividad hasta que se respeten los acuerdos familiares. Para ayudar a los padres, se puede utilizar una lista de chequeo práctica que revise edad, contenido, interacción online, control parental, tiempo de uso, privacidad, costos, seguridad de la plataforma, compatibilidad y acompañamiento.
A continuación encontrarán un listado con los puntos más relevantes en cuanto al manejo de videojuegos con sus hijos: