Chocolate con Efrén Martínez
“Poner límites a los hijos sin morir en el intento”
Los límites no tienen por qué ser un drama, aunque muchas veces se vean así. Con esa idea abrió el conferencista Efrén Martínez el primer Chocolate con… del año escolar, un espacio donde mamás y papás nogalistas conversaron sobre cómo poner límites sin romper el vínculo con los hijos. Efrén compartió ideas sobre cómo aprender a ponerlos, pero también sobre algo que solemos pasar por alto, aprender a recibirlos y los presentó como una herramienta de prevención frente a adicciones, bullying, depresión y trastornos alimenticios.
Para Efrén, la diferencia entre un límite que forma y uno que hiere está en el lugar desde donde se pone.
Ponerlos desde el miedo o la rabia no es lo mismo que ponerlos desde quienes somos como padres, y por eso invitó a los asistentes a conocerse primero a sí mismos, pues solo desde ese autoconocimiento es posible poner límites desde el amor y lo pedagógico, el mejor regalo que se le puede dar a un hijo. Esto implica cambiar la concepción que muchas veces tenemos frente a los límites, entenderlos no como sinónimo de fracaso sino como una preparación para enfrentarse a la vida.
Estos espacios son una oportunidad de reflexión, formación y construcción de comunidad para las familias nogalistas. Con este mismo objetivo, quisimos profundizar un poco más con Efrén, y le hicimos las siguientes preguntas:
¿Cuál es el error más común de los padres al poner límites y qué pueden hacer distinto?
El error más común es que ponemos límites para que nos hagan caso o para calmar nuestras propias emociones y no para educar. Los ponemos desde el miedo o desde la rabia, por no equivocarnos, y eso termina siendo excesivo o pasivo. Después nos arrepentimos y ahí el límite pierde poder. Por eso nunca hay que poner límites con rabia, ni en el momento álgido de las emociones. Hay que priorizar siempre el fin pedagógico del límite.
¿Cómo se pone un límite firme sin que el hijo sienta que se rompe la cercanía con los padres?
Tiene que haber un nivel de involucramiento parental y de conexión tan poderoso que, cuando yo ponga el límite, no se afecte para nada. Si no hay un contexto seguro de conexión, vulnerabilidad y construcción de sentido, cualquier límite va a lastimar al hijo. Pero si hay un vínculo poderoso, uno puede poner los límites y van a funcionar.
¿Cómo ayuda poner límites a que un hijo encuentre sentido y no solo lo viva como una restricción?
Algo que la gente no comprende muy bien es que si uno quiere un hijo libre y no un hijo esclavo, tiene que ayudarlo a entrenar la libertad. Uno solo puede elegir entre opciones, esa es la única forma de manejar la libertad, teniendo límites, aunque sea para romperlos. Si ni siquiera hay un límite para romper, ¿cómo se elige si no hay opciones? Por eso, si uno quiere un hijo libre, le toca poner límites, aunque sea para que los rompa.
¿Cómo ayudar a un hijo a manejar la frustración sin sobreprotegerlo?
Validándole la emoción. Lo normal es que cuando alguien no puede hacer algo, se frustre o sienta cosas, no que se sienta feliz por no poder hacer lo que quiere. Hay que validar esas emociones y permitir que los hijos las experimenten sin verlas como un problema mental o psicológico. Así sacan callo, porque eso es parte de la vida.
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