Claves para retomar la rutina y acercarnos después de vacaciones
Por: Jenny Rodríguez, terapeuta ocupacional y Mónica Sáenz, fonoaudióloga
Área de Desarrollo – Departamento de Acompañamiento Estudiantil (DAE)
Retomar la rutina familiar, laboral y escolar después de las vacaciones no siempre resulta sencillo. A este proceso pueden sumarse cambios importantes como la llegada de un nuevo integrante a la familia, la incertidumbre frente a las transformaciones sociales, geopolíticas y económicas con las que comenzó el año, o el reto de volver a hábitos cotidianos como usar el uniforme, organizar los útiles escolares y asumir las responsabilidades del día a día.
Todas estas transiciones pueden generar tensión, cansancio y desorganización, tanto en niños como en adultos. Por eso, este inicio de año puede ser una oportunidad para realizar una pausa, revisar nuestro estado actual y pensar de manera consciente cómo recuperar la calma y reconstruir rutinas que cuiden el bienestar emocional de toda la familia.
Desde los saberes de la Terapia Ocupacional y la Fonoaudiología, sumado a los aportes más recientes de la neurociencia sobre el aprendizaje socioemocional y el desarrollo de la autorregulación, se proponen algunas orientaciones para acompañar este regreso a clases, partiendo de que los adultos son modelos activos de comunicación, regulación y participación:
- Regularse para poder regular
La neurociencia ha demostrado que niños y jóvenes regulan sus emociones a través de la corregulación; es decir, apoyándose en adultos que se muestran calmados y disponibles. Antes de exigir adaptación, resulta fundamental que el adulto revise su propio nivel de estrés, su tono de voz y su lenguaje corporal, ya que un comportamiento sereno transmite seguridad y previsibilidad.
- Modelar rutinas claras y flexibles
Las rutinas ayudan a organizar el cerebro y a reducir la incertidumbre. Cuando los adultos participan activamente en la organización de horarios, la preparación del uniforme, útiles escolares o la planificación del día, enseñan habilidades como la anticipación y la organización. En este sentido, transformar la tarde y noche de los domingos y festivos en un momento de calma para disfrutar de juegos de mesa, lecturas o conversaciones familiares, resulta muy benéfico para iniciar la semana de manera tranquila.
- Cuidar la comunicación: menos instrucciones, más sentido
Desde la comunicación humana, el lenguaje no sólo transmite información, sino también emoción. Reemplazar mensajes apurados o punitivos por explicaciones breves, anticipaciones y validación emocional favorece la comprensión y la colaboración. Explicar el para qué sirve una rutina; esto ayuda a que niños y jóvenes la integren con mayor calma.
- Invitar a participar, no solo a cumplir deberes
La participación activa fortalece la motivación y el sentido de pertenencia. Involucrar a niños y adolescentes en decisiones acordes a su edad, tales como elegir el orden de las actividades, preparar materiales o definir pequeños objetivos, favorece la autonomía y el compromiso. Los adultos modelan la participación cuando escuchan, negocian y respetan los turnos comunicativos.
- Usar el cuerpo como aliado de la regulación
Desde la Terapia Ocupacional se recomienda favorecer experiencias de movimiento pausadas, respiración consciente y regulación sensorial que promuevan la calma durante el regreso a clases. Actividades como caminar acompañados, realizar estiramientos suaves, incorporar pausas activas y restablecer progresivamente horarios de sueño estables contribuyen a regular el sistema nervioso. Estas estrategias facilitan una transición más segura de las vacaciones a la rutina escolar, disminuyendo el estrés y favoreciendo la adaptación emocional de niños y jóvenes.
- Volver al diálogo en lo cotidiano
Los espacios fuera de casa, como un viaje en carro o ir al supermercado, son oportunidades valiosas de conexión. Conversar con los hijos sobre lo que ven, las decisiones de compra y aquello que les genera comodidad o incomodidad, favorece el pensamiento crítico y el vínculo afectivo. Al preguntar, escuchar y compartir puntos de vista, los adultos dejan de ser observadores pasivos para convertirse en acompañantes activos de la experiencia de los menores.
- Mostrar que equivocarse también es aprender
Cuando los adultos verbalizan sus propias dificultades, por ejemplo “a mí también me cuesta retomar los horarios” y muestran cómo buscan soluciones, enseñan estrategias de afrontamiento. Este modelamiento fortalece la resiliencia y ayuda a desarrollar la flexibilidad frente a errores, retrasos o situaciones que se salen del alcance personal.
Finalmente, se invita a las familias a realizar una pausa y reflexionar sobre aquellos hábitos que ya no aportan bienestar o que generan desconexión con los hijos. Reconocer estas dinámicas, es el primer paso para transformarlas conscientemente, permitiendo establecer nuevos propósitos que fortalezcan el vínculo y la armonía durante este nuevo año.
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