Colegio Los Nogales                                                                                                           6A

Sofía La Rota/ Juliana Salazar                                                                                     Sep.2/05

Marco Muñoz                                                                                                        Convivencia

 

Conviviendo

 

 

Sofía: Jadeando, le entregué el permiso de salir a Libardo (por despistada se me olvidó, y luego piqué para conseguirlo) y con la consciencia casi tranquila, me senté en el puesto que me cuidaban en el bus. De camino a la fundación, donde nos tocaba pasar el día compartiendo juegos y dulces con niñitos apenas menores que nosotros, la pasé pensando: ¿cómo nos recibirían?, ¿les gustarían nuestros juegos? Después de rehacer dos o tres tarjetitas de nombres que se habían perdido, de pasar varios inquietantes minutos (¿fueron diez o una hora?) de viaje, llegamos a un sitio de casetitas anaranjadas pálidas y azul desgastado,  con caminitos de cemento y ladrillos (los había en algún lugar colocados para formar golosas), y fuimos conducidos colina arriba hacia la capilla. Allí dentro reinaron los nervios, la incertidumbre y las ansias, mientras Marquitos, una directriz de la institución y el padre, nos preparaban moralmente para el encuentro. Entraron, en filita india, tantos o más niñitos que nosotros y se sentaron, también charlando nerviosamente con sus amigos. En ese momento desapareció la tensión y hasta las onces todo fue viento en popa (al parecer les gustó el “pictionary”).

 

 

 

            Las onces, que fueron divididas como el pan de Jesucristo, fueron satisfactorias y llenaron el hambre que había quedado después de tantos nervios. A los niños con quienes nos asignaron se les notaba que ya nos habían cogido bastante simpatía y charlábamos ya con tranquilidad. Después de medio perrito caliente, una media mandarina y medio vaso de coca cola,  se nos asignó la labor de pintar, cada grupo, un mural de cómo veíamos y qué no nos gustaba de Colombia. Los niñitos al parecer disfrutaron mucho pintando cositas como arbolitos, pajaritos, florecitas y todo lo que se les pudiera ocurrir. El mural lo hicimos con dicha, pero luego llegaron las dificultades. Primero: teníamos que ponernos un nombre de grupo. Nosotras ya desde antes habíamos decidido llamarnos Los Increíbles, pero decidimos que era apenas justo que los niñitos pudieran poner su opinión, y así empezamos: los niños decían que Power Rangers y la opinión de las niñas se balanceaba entre Los Tallarines, Los Tiburones y otras cosas más. Como queríamos acabar el caos y dar buen ejemplo, decidimos que lo mejor era la democracia. Luego sentamos a los niños, nombramos los “candidatos” y explicamos por qué esto contribuye al país (además de explicarles que Power Rangers era muy complicado de actuar y que la canción del tallarín y del tiburón nos la sabíamos todos, y que trataran de pensar en un nombre poco complejo y fácil de actuar). Hubo un minuto para pensar, y el tiburón ganó unánimemente. La presentación, eso sí, la presentación no nos salió tan bien, pues les daba mucha pena actuar y presentar ante casi-extraños más grandes que ellos.

 

 

Bueno, llegó el almuerzo en la forma de una hamburguesa que casi nadie pudo acabar y luego de reposar durante un rato (y de escribir a toda las pistas del tesoro escondido), dos de nosotras nos quedamos en un lugar visible para poder arreglar el tesoro (que estaba dentro de mi maleta, que estaba puesta en mí), para por si acaso se refundía una pista, etc. y las dos “coordinadoras de grupo” restantes iban al lado de los excitados niñitos para ayudarlos a descifrar los enigmas. El juego acabó cuando los niños encontraron la última pista, y me vi obligada a correr para no ser atropellada; terminó cuando cada uno recibió su porción de tesoro, y cuando triunfantes se sentaron a saborearlo. Para entonces debíamos ir ya al bus de regreso, y con pesar nos despedimos de los niños de la fundación. ¿Iremos allá el año próximo? ¿Cómo estarían entonces?  Nadie sabe…