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Más que un campo de verano, una experiencia de vida
Por: Lina Silva y Ana María Restrepo

¿Cómo le fue en la secta? ¿Rezó mucho? Son algunas de las preguntas más comunes cuando llegamos de vacaciones, después de pasar 11 días en Santander, en la finca Solnok. Lo que muchos no saben es lo que hay detrás de ese nombre  que a través de los años tanta fama se ha ganado.

En estas vacaciones, después de un largo proceso de selección,  cuatro niñas del Colegio fuimos escogidas para participar como dirigentes de Solnok Enero, un campo que se hace para niños de bajos recursos y de diferentes fundaciones, como por el ejemplo de  La Santa Cruz, una fundación para niños maltratados que no pueden volver a sus casas. Además de implicar mucho trabajo, el campo fue una experiencia única  que  nos demostró una vez más que no sólo no es una secta si no que es un espacio para vivir cosas que no viviríamos normalmente en Bogotá.

El 6 de enero de éste año, los niños llegaron a la hora del almuerzo  en tres buses que provenían de Ciudad Bolívar localidad situada en el sur de nuestra ciudad. Cuando se bajaron,  muchos niños no sabían adonde estaban llegando, otros miraban la piscina y el lago fijamente y muchos otros se escondían detrás de los más altos intentando pasar desapercibidos. Romper el hielo no fue fácil, pues fue muy complicado hacerles entender que no estábamos ahí como superiores si no como iguales, y que nuestra función en el campo era acompañarlos, pero a medida que pasaron los días, y por medio de actividades como clases de natación, de equitación, expediciones a diferentes cuevas y muchas otras, los niños se fueron abriendo y empezaron a compartir con nosotros un poco de sus vidas. Evidentemente se trataba de realidades totalmente ajenas a nosotros y al principio fue muy difícil asimilarlas.

Surgieron historias de vida muy duras, como la de las hermanas García, quienes viven en la fundación de La Santa Cruz ; no se les permite volver a su casa en vacaciones porque su mamá es alcohólica y las maltrata constantemente.  Alejandra, la mayor de las hermanas quien acaba de cumplir 14 años, nos contaba que ella tenía cuatro hermanas con las que compartía mamá y papá y que además tenía otros once  hermanos por parte de la mamá con diferentes hombres que ella no conocía. También conocimos la historia de David, un niño de 14 años que vivía en un barrio adentro de Ciudad Bolívar. Cuando nos acercamos a él para que nos contara un poco sobre su vida nos encontramos con términos como “los paracos”  quienes salían todos los días a las 8 de la noche a “hacer limpieza social” por el barrio y acababan con cualquier persona que estuviera en la calle.  Nos mostraba orgullosamente sus cicatrices y nos contaba cómo un hombre cuatro  cabezas más grande que él  le había   hecho  una con un cuchillo el día  que cumplió 12 años.

Pero lo más impactante no fueron las historias, si no las sonrisas en las caras de estos niños y cómo con el tiempo se  fue volviendo  sumamente fácil sacárselas.  Son niños que se alegran con un abrazo; niños que no dudan  en acercarse a uno solamente a ofrecerle una sonrisa. Por ejemplo ,la hermana menor de las García, quien después de aprender a mantenerse a flote en la piscina  durante cinco segundos salió corriendo por todo el campo anunciando que era el mejor día de su vida; o David quien en el momento en el que entramos a la cueva se quitó la camisa para que pudiéramos sentarnos sobre ella sin mojarnos.
Es por esta clase de experiencias que Solnok es mucho mas que una misa o que un campo de verano, porque es un lugar para crecer y para ayudar a crecer, un lugar en donde el momento más aparentemente  insignificante puede llegar a aportar algo muy importante para la vida. Es por esto que Solnok no se entiende hasta que no se vive, hasta que no se ven las sonrisas de los niños aprendiendo a nadar o perdiéndole el miedo a los caballos.

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Fotos 1, 2: Todos los participantes y dirigentes del campo bailando al lado de la piscina.
Fotos 3, 4, 5: A la hora de la piscina, los participantes aprendiendo a nadar con chalecos salvavidas o jugando con los demás niños.
Foto 6: Un dirigente ayudando a un participante a hacer el rappel de un risco.
Fotos 7,8,9: Participantes haciendo rappel en la mitad de una cascada.
Foto 10: En la cueva, una actividad con velas encendidas.
Foto 11: Disfrazados como Reinas de Belleza colombianas, Jefferson y Camilo esperan a presentarse y desfilar al frente del resto de los participantes.
Foto 12: En una actividad llamada Travesía (la cual consiste en caminar por trechos difíciles y campar una noche) los participantes caminando por una montaña tupida buscando un lugar para acampar por la noche.
Foto 13: En el día dedicado a Colombia, todos reunidos alrededor de un lago reflexionando sobre el país y sus cosas buenas y malas.
Foto 14, 15, 16, 17, 18: Dirigentes y participantes el último día de campo.
Foto 19: Las cuatro alumnas del colegio que fuimos como dirigentes a Solnok, con dos participantes.
Foto 20: Todos los participantes y dirigentes reunidos el último día.


 
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