Reggeatón pa’ rato
Por Adelaida Camacho
Más de una vez he declarado públicamente mi amor por el reggaetón. Aunque todavía no sé muy bien como se escribe, estoy casi totalmente segura de que hay pocas personas en el Colegio, que como yo, oyen reggaetón todas las mañanas en la destapada para empezar el día con ánimo. Los lectores de mi otro artículo entenderán que debido a situaciones de fuerza mayor últimamente he tenido que abandonar esta rutina. Bueno, más de una vez me he dado cuenta de que la gente tiende a juzgar mi gusto musical y me tildan de reggaetonera a morir; en otras palabras piensan que mis mejores amigos se llaman Johny Jo-Jo, DJ Love o quien sabe qué cosas y que además salgo todos los viernes a “particear” con mis amigos del “hood.” Sin embargo, quiero aprovechar esta oportunidad no sólo para desmentir estas teorías, sino también para hablar de una problemática que he visto ha crecido de una forma impresionante: La invasión del Reggaeton. En este momento en Colombia, hay por lo menos dos estaciones de radio dedicadas solamente a este género, los canales de música nacionales pasan canciones de reggaetón a lo que da y cada vez son más frecuentes las premiaciones a artistas del género. En fin, hay un millón de razones para creer que en algunos años la música de Latinoamérica será ésta. No quiero desmeritar a los artistas de este género ni nada por el estilo ya que soy la primera en admitir abiertamente mi amor hacia ellos, lo que sí quiero es denunciar el hecho de que el reggeatón sea considerado buena música.
Aunque me duela admitirlo, el reggaetón es simplemente un ritmo monótono que tiene letras muchas veces explicitas y pegadizas; este ritmo puede ser entretenido y la mejor forma de lograr que una fiesta se anime, pero no se puede comprar con el nivel musical de un género como el rock cuyas melodías van más allá de un ritmo tecnológico que se repite una y otra vez en todas las canciones. El hecho de que la gente empiece a considerar el reggaetón una buena música, hace que grupos legendarios como Los Beatles o intérpretes más contemporáneos como Fito Paez, caigan en el olvido. Cada vez es más evidente la falta de educación musical puesto que inclusive la mayoría de nuevos grupos colombianos de música usan uno o máximo dos acordes de una guitarra para todas sus canciones; en otras palabas, estamos reduciendo la música a un par de acordes o ritmos repetitivos. Esto es evidente en el nuevo género musical, si es que le podemos llamar así, el tropipop. No niego que este nuevo ritmo es apropiado para una fiesta y que un joven colombiano, por muy rockero o metalero que sea, se sabe así sea parte de alguna canción de Bonka y la canta inconscientemente cada vez que la escucha, así sea en contra de sus principios. Podríamos seguir listando las otras corrientes musicales que cada vez opacan más la cultura musical de la nuevas generaciones. Cada vez es más fácil lograr componer un hit ya que no se necesita de mucha cultura o educación musical, ni siquiera de un buen oído musical, y cada vez es más fácil que una estación de radio ponga la canción cada quince minutos ya que la audiencia lo pide.
A través de los años, han existido muchas corrientes musicales que nacen, cogen mucha fuerza y años después se desvanecen; algunas veces éstas vuelven a surgir años después con un nuevo nombre y un nuevo interprete. Muchos dicen que esta es la suerte que corren géneros como el reggaetón y el tropiop. Sin embargo, creo que esto géneros no han alcanzado su máxima potencia. Sinceramente creo que los amantes del reggaetón, como yo, vamos a tener música para rato. No niego que tal vez en unos cinco años lo olvidemos y retomemos quizás el amor por una buena salsa o por un buen vallenato (de los de verdad, no de los de ahora) pero de acá a que esto pase, creo que está en manos de nosotros que empecemos a investigar un poco más acerca de lo que es la buena música para que las estaciones se vean obligadas a poner canciones de mejor calidad.
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