Se sobrentiende que ningún individuo es igual a sus semejantes, pero aun así, todo individuo que pertenezca a una comunidad tendrá algo en común con otro integrante de ésta. Ahora, siendo más explícito, todos los estudiantes indiferentemente de si están cursando 11º , 5º o Kínder (ahora llamado Jardín) tienen algo en común: la rutina básica. Como rutina básica está el despertarse, bañarse, vestirse, desayunar y tomar el bus para ir al colegio. Está monótona rutina es la que rige la vida de todo estudiante y debido, valga la redundancia, a esta absorta monotonía es que se pueden encontrar patrones en las caras de inanición de los estudiantes regulares o en las de aquellos niños que parecen ser adictos a la cafeína pues desde la primera hora de la mañana tienen un tono de voz tan alto, que si se les permitiera trabajar probablemente no veríamos payasos con altavoces promocionando corrientazos a lo largo de la ciudad. A continuación hay un texto con el cual creo que, ustedes queridos lectores, tal vez podrán entender mejor lo que quiero decir con esta “monótona rutina” en la que estamos atrapados.
Suena el despertador. Vuelve a sonar y a lo lejos se escucha entonces un grito gutural con un tono de rabia y angustia. Entonces se levanta, no tiene otra opción ya que es su deber continuar con la rutina. Entre pensamientos no del todo incoherentes pero para nada claros, camina cual tullido en dirección a la ducha. Como si despreciara su túnica nocturna se desprende de ella y entra en lo que parece ser una nube de vapor (el quemón es casi siempre inevitable). Poco a poco recupera la conciencia conforme las relajantes gotas van perdiendo fuerza. Ya, con algo más de motricidad se dirige a su armario y toma lo necesario para el día.
Luego, mirando con firmeza hacia el falso horizonte, ve a lo lejos el devastado bosque en el que ahora predominan ladrillos y concreto. “Es irónico, resulta más molesto levantarse que salir de la casa”, piensa él mientras bebe una taza de café y recuerda la historia de un viejo amigo, de un ermitaño.
Toma su abrigo, su mochila y sus llaves y despidiéndose con un gesto de alegría, sale por la puerta y se dirige al lugar acordado. Sin perder más tiempo, toma sus audífonos y mientras introduce cada uno en sus oídos experimenta de nuevo el éxtasis de la vida, la música. Sin más preámbulo cierra los ojos, y creyendo que así agudizará los otros sentidos, se deja llevar por lo que parece ser una melodía gloriosa, certera y tranquilizadora. Al abrir los ojos, se da cuenta de que ya ha llegado su transporte así que, como alma en pena que sigue a ese no ser de túnica negra y anorexia excesiva, sube en él. Reflexiona y recuerda que pronto saciará su sed de conocimiento. Suspirando como si no respirase hace ya varios siglos, torna su mirada hacia la calle “hay bebidas que sacian la sed pero no son de buen sabor” piensa él mientras cabecea seducido por el sueño.
Por fin recupera su cabeza y con ella su cordura. Mira con desdén por la ventana. A medida que avanza ve cómo se va deteriorando cada vez más la estética de las calles y los edificios, todo va perdiendo color. Es como ver la misma escena afectada por el paso del tiempo y ya que el tiempo no perdona, a lo que no ayuda lo deteriora.
De nuevo cierra los ojos, y relajando cada músculo de su cuerpo cruza sus brazos y se recuesta en la tibia ventana para así luchar contra el frió que ya está helando sus huesos. Suenan tonos azules, blancos, escarlatas, negros, rojos... y en la profunda oscuridad del pensamiento se ven las dulces melodías que penetran cada una de las ideas que van resurgiendo de lo más profundo de su conciencia.
Abre los ojos y se da cuenta de que el autobús se ha detenido. Mira a su alrededor y no hay nadie. “todos deben haber bajado ya” dice en voz baja mientras se toma la cabeza con ambas manos. Por un instante vuelve a cerrar los ojos…
A lo lejos se escucha una voz distante pero contundente que dice… ¡crls! Al tornarse más clara, finalmente lo escucha con claridad: ¡Caaaaaaarlos! Sorprendido observa a su alrededor, se levanta de su cama pues no tiene otra opción y, en dirección a la ducha, luego de un largo bostezo, toma su rostro con ambas manos y dice: “He vuelto a despertar”.
Nota: Que prevalezca el sueño…pues aun en la realidad es apenas justo fantasear.
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