Comprometidos con Colombia
Por: Ana María Restrepo
Hace unas semanas todos estábamos preocupados. Unos estaban a la espera de la respuesta de la admisión de universidades en el exterior. Otros pensaban en sus puntajes del ICFES y si ese resultado sería suficiente para la carrera de sus sueños. Algunos otros sólo pensaban en la transferencia de carrera (pedir en la universidad un cambio de carrera cuando ya se está inscrito). Todos pensando individualmente y consumidos en sus propias preocupaciones, aislándose de la vida estudiantil en el Colegio que en pocos días llegaría a su fin, sin darse cuenta de que todos, por diferentes que fueran los caminos de la vida que estaban próximos a escoger, estaban unidos por eso mismo. Por tener latente la misma preocupación: su futuro.
Somos producto de un país en transición. Nos tocó vivir en una época donde algunos todavía preferían huir del país para evitar problemas y una creciente mentalidad opuesta de que el país en realidad no es tan malo y que el futuro está en nuestras manos. El crecimiento del terrorismo y la crisis económica obligó a muchas familias a irse al exterior y, las que no se fueron, sembraron ideas temerosas sobre el país en sus hijos, ideas que hoy en día se siguen viendo reflejadas en la falta de confianza que tienen los bachilleres por la educación superior nacional. Lo que quiero decir es que, a partir de una crisis que vivió el país hace unos años, el sentimiento de seguridad que alguna vez se pudo llegar a sentir por nuestra patria querida se convirtió en la creencia de que no sólo la economía y la sociedad colombianas eran defectuosas sino que eran más confiables las del exterior.
Existe la idea en muchos de los bachilleres próximos a graduarse de que las universidades nacionales no son buenas, que la educación no es de suficiente calidad y que si no es en el exterior, todo está perdido. Está la creencia de que los países desarrollados, son los de las oportunidades. Allá, están los contactos, la gente buena y honrada y acá, el resto. Muchos dicen que se van a estudiar al exterior para después volver y aplicar todos sus conocimientos en su país natal. Pero, ¿cómo pretenden aplicar las carreras dictadas en el exterior, con valores del exterior basados en una cultura del exterior, en un país y en una realidad completamente distintos? ¿Cómo entender una situación o ponerla en un contexto histórico si ése marco no se tiene por la misma ausencia física?
En mi opinión si yo quiero trabajar en Colombia, estudio en Colombia. Si se abren las puertas del exterior, no niego que estaría tentada a aceptar un viaje y no desaprovechar la oportunidad. Pero sería a eso, a viajar, no a formarme como ejecutiva o lo que sea en un país completamente diferente al mío y al que seguramente, por más de que viva en él por muchos años, no llegaré a entender como lo hago con mi propio país.
Pero son eso, opiniones y gustos. No son hechos, y cada cual toma partido y decide qué hacer con su futuro porque al fin y al cabo es su futuro y eso no lo decide nadie más que el individuo. Pero que sea una decisión tomada a conciencia y no influida por fuerzas mayores o por obligaciones y presiones exteriores. Pero hemos estado 13 años (la mayoría de los de 11°) en el Colegio y creo que es tiempo de mirar si logramos cumplir con el propósito que el Colegio impuso al comprometerse con nuestra educación; formar integralmente personas ejemplares, capaces de ejercer liderazgo en el servicio a la sociedad y comprometidas con Colombia.
El otro grupo de personas son aquellas que buscan el exterior por otras razones, experiencia de vida, independencia de unos papás de los cuales no han podido alejarse por casi dos décadas y hasta de pronto por encontrarse a sí mismos. Muchos quieren tener vacaciones largas después de trece años (o más, en algunos casos) de colegio, salirse de la rutina por varios días. Tanto de la rutina del colegio como de la de sus casas. Vivir sin normas y experimentar cosas nuevas. Seis meses de viaje a Europa o a Estados Unidos está de moda y muchos jóvenes del Colegio están a punto de unirse a esa corriente. Yo prefiero, sinceramente, empezar de una vez con mi universidad y salir rápido, entrar con la gente de mi edad y no unos semestres más tarde con gente menor. Es un punto bastante debatible pero prefiero aprovechar y entrar de una vez.
Hemos sido formados integralmente y eso no se pone en duda, tenemos grabados el respeto, la honestidad y la responsabilidad (supuestamente) en la frente, o por lo menos nos han inculcado esos valores hasta más no poder. Depende de cada persona, como los refleje en su vida diaria. Ejemplares también nos sentimos puesto que nos dicen que salimos del mejor colegio de Bogotá y con la mejor educación posible. La capacidad de ejercer liderazgo en el servicio a la sociedad no se prueba en este futuro inmediato sino en un futuro laboral, cuando salgamos de la burbuja de cristal en la que estamos y nos enfrentemos al mundo real. Entonces este punto está por verse y la parte de que estamos comprometidos con Colombia, es lo que pongo en duda, aunque espero que se vea en unos años, por lo menos con mi promoción.
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