La nostalgia de la infancia
Por: Isabel Peláez
Arthur Rackham estuvo presente, a través de sus muchas ilustraciones para cuentos de hadas, en la Biblioteca Luís Ángel Arango, la Blaa, desde el 15 al 24 de septiembre. Rackham fue un hombre que vivió a principios del siglo XX y finales del XIX y se dedicó a ilustrar historias de hadas como Rip Van Winkle (1905) de Washington Irvin, creador de la leyenda de Sleepy Hollow, (llevada al cine por Tim Burton como el Jinete sin Cabeza) y cuentos como Peter Pan en los jardines de Kensington (1906) de J. M. Barrie, obra con la cual exhibiría todo su potencial ya que en las ilustraciones aparecen criaturas fantásticas como duendes paseándose tranquilamente por éste conocido lugar en Londres. El uso del color y la magia de la figura humana que Rackham plasma en sus obras lo diferencian de los demás ilustradores de la época hasta el punto de que una editorial le pidió publicar cada año un especial antes de Navidad. Rackham logra cruzar la barrera entre el arte como entretenimiento y “el arte por el arte” ya que sus ilustraciones son concebidas como arte en sí, convirtiéndolo en un respetado artista. Sus obras incluyen varias versiones de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol, las recopilaciones de los Hermanos Grimm, Sueño de una noche de verano de Shakespeare y varias historias de Edgar Allan Poe. Como en el caso del increíble cuento de Carrol, se publicaron varias versiones de las historias de los Hermanos Grimm y de cuentos navideños entre los cuales está Cuento de Navidad de Charles Dickens. Las ilustraciones que trajo la Blaa incluyen acuarelas, trabajos en lápiz y grabados, técnica con la cual ilustró toda una versión de La Bella Durmiente.
Rackham plasma emociones humanas, gestos que parecen salir de personas reales, en tanto que parece capturar un momento a punto de cambiar, como lo hace la fotografía. Siendo uno de mis artistas favoritos, creo que Rackham es un visionario capaz de definir su arte independientemente de los estereotipos de la época, cruzando la barrera entre arte y decoración gracias a los elaborados trabajos que ilustran tantas historias. Las hadas y los duendes de facciones definidas, vestidos con la naturaleza misma, me recuerdan viejas historias y la capacidad de los niños de asombrarse, la cual no es bueno perder. Eso es lo que transmite Rackham: sus ilustraciones no son sólo para niños, cuentan historias características de culturas firmes y antiguas como la irlandesa, alemana o nórdica que promueven valores más románticos que empíricos. Rackham: arte que recuerda la infancia.
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