Una grandiosa cafetería
Por: Sebastián
Suárez

Todos los días almorzamos en la cafetería del colegio: hacemos la fila, cogemos la bandeja y los cubiertos, nos sirven amablemente el plato fuerte, cada uno disfruta de la barra de verduras y finalmente nos sentamos a comer. Todo parece ser muy simple después de haber comido y dejado la bandeja en su puesto. Aún así, le pregunté a Sylvia Merchán, administradora hotelera con experiencia en el manejo de alimentos y bebidas, cómo era este proceso de cocina y aseo para el placer de la comunidad ya que es experta en su trabajo, pues lleva 15 años trabajando para el Colegio Los Nogales.
A las 6:30 de la mañana llegan las 9 trabajadoras de la cafetería para empezar un día duro. Los primeros minutos de la mañana se la pasan desinfectando la cocina a un nivel institucional, es decir con elementos de limpieza avanzados y más efectivos que los de nuestros hogares, puesto que hay bastante comida para preparar y se necesita para esto una mayor higiene. Entre las 7:00 a.m. y las 11:00 a.m. de todos los días entran los carros de los diferentes proveedores de comida con los alimentos que se prepararán al día siguiente para garantizar su frescura. Luego, cuando el ambiente está listo, se saca la comida traída el día anterior y desde las 9:00 de la mañana se empieza a preparar el almuerzo. Unas señoras se dedican a limpiar las frutas y verduras, mientras otras se hacen cargo de cocinar el plato fuerte y otras de preparar los jugos con las pulpas que se traen.
A la hora del almuerzo ya todo está listo y calientan la comida en una máquina especial para que aquélla no pierda ni su esencia ni sus nutrientes. Estos alimentos son servidos en unas bandejas que conservan el calor para que todos puedan disfrutar de un almuerzo exquisito. Finalmente, al dejar las bandejas en su lugar, las señoras las meten en una máquina eléctrica recientemente adquirida que limpia todos los utensilios empleados para comer. Otras se dedican a limpiar el comedor, a limpiar la cocina y a reunir la comida sobrante, que hace 15 años se les vende a ellas a un muy buen precio para que lleven a su casa en un empaque muy higiénico. Después de un día agotador para todas ellas, todos podemos disfrutar de su amable servicio.
Cada vez se hace más mejoras en la cafetería. Este año, por ejemplo, el colegio compró una marmita, que es como una olla express muy grande. También implementó un sistema muy efectivo para facilitar el aseo al final del almuerzo como hemos visto estos últimos días. Las bandejas que los estudiantes tanto cuestionaron tienen un muy buen propósito: disminuir el ruido de la cafetería de manera sustancial. No sólo esto se logró, también disminuyó el peso que tenían que cargar las señoras de la cocina trabajadoras a la hora del almuerzo. Por otro lado, también se está pensando en poner más mesas afuera de la cafetería mientras se construye la cafetería, más cómoda y grande, incluida en el plan maestro.
El maravilloso trabajo que tienen las que personas de la cafetería es algo que todos debemos apreciar. Entonces, ¿por qué no ayudarlas en cosas tan simples como no dejar servilletas o vasos en las mesas y hacer todo eso que nos enseñaron a todos en nuestros hogares?
Aprovechemos que tenemos una cafetería cómoda y que los alimentos que consumimos son de excelente calidad. Así como ellas nos atienden a nosotros, nosotros deberíamos atenderlas de igual manera y facilitarles el trabajo.
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