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¿Qué tan coherente es el Polo Democrático?
Por: Diego Ramos

Georg Wilhelm Friedrich Hegel mencionó hace casi dos siglos la razón por la que se daban los procesos históricos y sus resultados: la síntesis. Ésta, a su vez, resultaba de la confrontación entre la tesis y la antítesis. EL filósofo había llegado a la conclusión de que “lo que es bueno y lo que es malo, tocará a la historia demostrarlo. Lo que es sensato es lo que tiene posibilidad de sobrevivir.”  De lo anterior se puede inferir que para que un estado funcione de una forma saludable y benéfica debería existir una significativa representación de la oposición al gobierno, para lograr así una confrontación democrática de la que resultase una síntesis beneficiosa para la sociedad.

En Colombia, afortunadamente, existe una férrea oposición a la bancada de gobierno representada por el muy popular Polo Democrático y el Partido Liberal presidido con excelencia por el ex presidente César Gaviria. Sin embrago, la oposición del primer partido está lejos de ser la sana antítesis de la que Hegel hablaba. En lugar de presentarse al senado y a la cámara de representantes con propuestas que tuviesen diferentes enfoques y métodos a los múltiples problemas sociales que nos aquejan, la bancada del Polo Democrático se enfoca en boicotear a la administración Uribe y sus propuestas por medio de graves acusaciones muchas veces infundamentadas.

Esta actitud del partido se recrudeció el pasado martes 17 de abril, en el cual se libró un debate en el que el Honorable Senador Gustavo Petro levantó una serie de acusaciones que marcaban a la familia del presidente como ‘paramilitar’. En ningún momento pudo el senador llegar a una conclusión sólida e  irrefutable sobre la condición de ‘paramilitar’ de la que  acusa a Uribe. Sin embargo, las acusaciones estremecieron a los medios a tal punto que el ex vicepresidente estadounidense Albert Arnold Gore declaró que no asistiría a un congreso por la presencia de  Álvaro Uribe Vélez. La investigación del pasado jurídico tanto del presidente como de su familia, al igual que la ratificación de las apresuradas conclusiones a las que llega el Polo, es un acto que corresponde  a otros órganos del estado y no a un partido político.  

No son despreciables las manifestaciones que este partido democrático respalda y que pueden ser tomadas como muestra de la teoría del partido y de la forma en la que la aplican. En la visita de George W. Bush  a Colombia en su gira por Latinoamérica, unos manifestantes antiimperialistas protestaban frente a la plaza de toros por la presencia del mandatario norteamericano. Fueron los mismos manifestantes que cargaban banderas y vallas del partido quienes atacaron físicamente a los policías y destruyeron bancos y establecimientos. No entendemos el fin productivo de este tipo de conductas aberrantes y animales, pero sabemos que no son las vías democráticas por las que tanto propugna el partido.

 En las discusiones libradas en el senado sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) se ve también el pobre papel que juega el Polo Democrático cómo bancada opositora. Son muy frecuentes las constancias que hacen los senadores del partido sobre temas completamente ajenos al que les atañe. Esto es evidente en los múltiples debates sobre el plan de desarrollo, en los cuales Petro trae a colación declaraciones de Juan Manuel Santos que poco tienen que ver  con el tema del debate. Es triste ver como el Polo Democrático cumple únicamente con la mitad de sus obligaciones al criticar con sectarismo los puntos negativos, pero sin el más mínimo ánimo de encontrarles soluciones. Me veo en la obligación de comparar la ineficacia del Polo democrático con la positiva actitud del Partido Liberal de César Gaviria. Éste partido ha adoptado un escepticismo en cuanto al TLC, subrayando los puntos nocivos del tratado pero haciendo una serie de propuestas modificativas y sustitutivas para tratar de disminuirlos y aceptando los obvios beneficios de éste.              

 El Polo  arguye que es menester ‘la verdad’ para la legitimidad de un estado, y ésta es básicamente su principal argumento para su actitud sectaria y beligerante. ES CIERTO. Pero es igualmente necesario que los partidos cumplan con sus obligaciones y con la defensa de un sano enfrentamiento entre tesis y antítesis. Sería bueno que los militantes de ese partido miraran la vía que con excelencia marcan César Gaviria y el Partido Liberal, exceptuando a la muy folclórica Piedad Córdoba.

 

                                                                                                         


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